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sábado, 14 de noviembre de 2009
lunes, 1 de junio de 2009
"Medir lo Habitable" por Luis Espinosa sobre Miguel Angel Giovanetti
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Miguel Angel Giovanetti,
Prensa
No toda geometría es no figuración. Ni todo trazo hecho con regla nos remite a las formas puras. Ni la búsqueda de formas puras es superior al encuentro de imágenes que refieren a objetos de la realidad. Ni lo contrario. Ni todos los geométricos se ocupan de lo mismo. Detrás de toda configuración elaborada por un artista habrá una salida al mundo, movida por una necesidad vital y habrá un mundo que responde con la disponibilidad de sus formas.
Cuando Miguel Ángel Giovanetti aborda la creación de estas pinturas no parece estar preocupado por ese tono racional, matemático con el que se tiñen muchas de las obras que los artistas ubican bajo el nombre de Geometrías. Pero él le llama "Geometrías" y produce una contradicción que obliga a esa palabra a desplazarse al terreno de la metáfora.Si uno pretende ver esas pinturas tan sólo como juegos de equilibrio o dinámicas de efectos cinéticos, se está perdiendo ver otros datos que por el lugar que ocupan en la sintaxis, son realmente cruciales a la hora de percibir un sentido.
Me refiero a dos elementos modificadores de lo que se presenta como tema central.Si el tema central, aunque sea provisoriamente, puede nombrarse como eso que observamos ejerciendo la partición matemática del plano.En primer lugar, detrás o debajo de todo lo que vemos como geometría, se extienden unas manchas informes y oscuras que abarcan todo el plano y emergen aquí y allá por transparencia y sin respetar ningún límite.En segundo lugar, la otra modificación incide desde la superficie en forma de frotados o descascarados y esta vez sí, interviniendo las franjas rectas de color, interrumpiéndolas o borroneando sus contornos. Como huella de un uso que produce un desgaste.
Y entre medio de estas capas, profunda y superficial, el objeto, lo modificado:¿Podemos arriesgar aquí que estas geometrías tengan su referente último en un objeto de la experiencia, en un modelo real del cual toman su espíritu?¿No hay suficientes indicios para ver el fantasma de antiguos embaldosados superpuestos en estructuras análogas con retazos de tela o papel estampados, cortados, rasgados irregularmente?¿No juega con el patrón de diseño de una lona o cortina que en sus daños evidencia el paso del tiempo?
Si es así, estamos ante una referencia figurativa, un elemento extractado y recortado de la memoria y forzado a ordenarse como recurso para comprender algo que aún así permanece oculto detrás de su secreto.En el punto exacto entre mostrarse como la cosa que es, anécdota del mundo, figura mimética de una realidad o como una construcción del espíritu, retícula perceptual que busca calzarse con una materia que le permita verse.
Opuesto absolutamente a Mondrian, las estructuras de Giovanetti no se extienden más allá de los límites del cuadro sino que se concentran en ese espacio circunscrito y delimitado donde urge acomodar los elementos para que en un nuevo orden anuncien su razón de ser. Y se acercan a la experiencia humana y sus estados fluctuantes mucho más que a enunciar una realidad formal que sobrevuele esa experiencia casi sin tocarla.
Si la geometría es el arquetipo de la razón dada su capacidad de ordenar y entender, aquí la razón se verifica vulnerada y en su propia transparencia, muestra esa base informe e inconsciente sobre la que se sustenta. Esas manchas oscuras están presentes casi sin que notemos su presencia y testifican un estado primordial de caos.Que es, a la vez, el magma que empuja desde las profundidades.
La memoria ha recortado superficies de la casa, el lugar cotidiano, la referencia cercana de la tierra que se habita. Porque la memoria busca en los datos que posee. Aquellos tomados de la misma experiencia que le ha enseñado a reconocerse, a medirse.Y la geometría nació como la ciencia de medir la Tierra y todo su esfuerzo ha permitido construir nuestras habitaciones en los territorios en los que vivimos.
En su metáfora, Miguel Ángel Giovanetti nos habla de otra tierra inconmensurable, territorio humano, espíritu que busca habitarse resistiendo el deterioro al que sospecha que está finalmente condenado.Pero espera dar el salto, espera la oportunidad de trascenderse, espera poder quebrar el ciclo obligado de su suerte.
Esa tierra, entonces, es interioridad.La mirada percibe en estas obras, la constante vital que la energiza.Mide ese interior, ese terreno, (geo - metría), proyecta la existencia en esa tierra efímera, ordena el espacio caótico donde la vida se mueve, busca y logra.
GEOMETRÍAS:Medición del espacio espiritual habitable.
[publicado en ramona]
Cuando Miguel Ángel Giovanetti aborda la creación de estas pinturas no parece estar preocupado por ese tono racional, matemático con el que se tiñen muchas de las obras que los artistas ubican bajo el nombre de Geometrías. Pero él le llama "Geometrías" y produce una contradicción que obliga a esa palabra a desplazarse al terreno de la metáfora.Si uno pretende ver esas pinturas tan sólo como juegos de equilibrio o dinámicas de efectos cinéticos, se está perdiendo ver otros datos que por el lugar que ocupan en la sintaxis, son realmente cruciales a la hora de percibir un sentido.
Me refiero a dos elementos modificadores de lo que se presenta como tema central.Si el tema central, aunque sea provisoriamente, puede nombrarse como eso que observamos ejerciendo la partición matemática del plano.En primer lugar, detrás o debajo de todo lo que vemos como geometría, se extienden unas manchas informes y oscuras que abarcan todo el plano y emergen aquí y allá por transparencia y sin respetar ningún límite.En segundo lugar, la otra modificación incide desde la superficie en forma de frotados o descascarados y esta vez sí, interviniendo las franjas rectas de color, interrumpiéndolas o borroneando sus contornos. Como huella de un uso que produce un desgaste.
Y entre medio de estas capas, profunda y superficial, el objeto, lo modificado:¿Podemos arriesgar aquí que estas geometrías tengan su referente último en un objeto de la experiencia, en un modelo real del cual toman su espíritu?¿No hay suficientes indicios para ver el fantasma de antiguos embaldosados superpuestos en estructuras análogas con retazos de tela o papel estampados, cortados, rasgados irregularmente?¿No juega con el patrón de diseño de una lona o cortina que en sus daños evidencia el paso del tiempo?
Si es así, estamos ante una referencia figurativa, un elemento extractado y recortado de la memoria y forzado a ordenarse como recurso para comprender algo que aún así permanece oculto detrás de su secreto.En el punto exacto entre mostrarse como la cosa que es, anécdota del mundo, figura mimética de una realidad o como una construcción del espíritu, retícula perceptual que busca calzarse con una materia que le permita verse.
Opuesto absolutamente a Mondrian, las estructuras de Giovanetti no se extienden más allá de los límites del cuadro sino que se concentran en ese espacio circunscrito y delimitado donde urge acomodar los elementos para que en un nuevo orden anuncien su razón de ser. Y se acercan a la experiencia humana y sus estados fluctuantes mucho más que a enunciar una realidad formal que sobrevuele esa experiencia casi sin tocarla.
Si la geometría es el arquetipo de la razón dada su capacidad de ordenar y entender, aquí la razón se verifica vulnerada y en su propia transparencia, muestra esa base informe e inconsciente sobre la que se sustenta. Esas manchas oscuras están presentes casi sin que notemos su presencia y testifican un estado primordial de caos.Que es, a la vez, el magma que empuja desde las profundidades.
La memoria ha recortado superficies de la casa, el lugar cotidiano, la referencia cercana de la tierra que se habita. Porque la memoria busca en los datos que posee. Aquellos tomados de la misma experiencia que le ha enseñado a reconocerse, a medirse.Y la geometría nació como la ciencia de medir la Tierra y todo su esfuerzo ha permitido construir nuestras habitaciones en los territorios en los que vivimos.
En su metáfora, Miguel Ángel Giovanetti nos habla de otra tierra inconmensurable, territorio humano, espíritu que busca habitarse resistiendo el deterioro al que sospecha que está finalmente condenado.Pero espera dar el salto, espera la oportunidad de trascenderse, espera poder quebrar el ciclo obligado de su suerte.
Esa tierra, entonces, es interioridad.La mirada percibe en estas obras, la constante vital que la energiza.Mide ese interior, ese terreno, (geo - metría), proyecta la existencia en esa tierra efímera, ordena el espacio caótico donde la vida se mueve, busca y logra.
GEOMETRÍAS:Medición del espacio espiritual habitable.
[publicado en ramona]
martes, 5 de mayo de 2009
Crítica sobre Miguel Angel Giovanetti en Ambito Financiero
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Miguel Angel Giovanetti,
Prensa
El geometrismo sensible de Giovanetti rinde otra prueba
El jueves a las 19 se inaugurará en la Galería RO (Paraná 1158), dirigida por Roxana Olivieri y Damián Scher, «Geometrías» de Miguel Ángel Giovanetti, que expone obras de «Inside» su última serie abstracto-geométrica caracterizada por su singular elaboración cromática.Desde nuestros primeros contactos con su obra, a fines de los ochenta, en sus participaciones en concursos como el Premio de Pintura Movado-Cayc (1988), hasta hoy, hemos conocido el desarrollo de más de dos décadas de su trayectoria rica en exploraciones cromáticas, arte digital y manipulación de imágenes. En sus distintas series, Giovanetti reflexiona sobre el status de lo real y el papel de la subjetividad en el arte contemporáneo.«Las cosas no son como parecen», sostiene el artista. En los entramados geométricos planteados en la imagen digital de Homenaje a Boccioni (1996), Giovanetti anticipa sus preocupaciones estéticas actuales. En 1999 presentó «Memor-oris», exposición en la que desarrolló una serie en torno al retrato de Umberto Boccioni uno de los heraldos del futurismo italiano, que en la cabalgata de las vanguardias históricas, la primera que se presenta como tal, con su programa y sus teorías, sus luchas y sus polémicas. Y es también la primera en exaltar la vida moderna y la revolución tecnológica.El ideólogo y animador del Futurismo es un poeta, Filippo Marinetti, lamentablemente fascista, que anuncia la llegada de este movimiento pluridisciplinario a comienzos del 1909. Sus líderes son, además de Boccioni, Giacomo Balla, Gino Severino, Carlos Carrá y Luigi Russolo, firmantes de los dos manifiestos aparecidos en Milán en 1910. En ambos escritos, surge el rechazo al pasado y la visión ardorosa de la actualidad.El movimiento es la obsesión de los pintores futuristas. A la descomposición de las formas a través de la luz y el color, tomada del puntillismo, los futuristas unen la estructuración en planos seguida por los cubistas, para representar de ese modo al movimiento y la simultaneidad. Los futuristas apuestan a la agresividad cromática.«La máquina, la luz eléctrica y su reverberación en las ciudades, proyecta el pensamiento hacia la era electrónica. Así el plano virtual - que el futurismo lanza al espacio con sus líneas de fuerza- sufre una apropiación en la obra de Giovanetti», escribió Rosa Faccaro en el prólogo a su muestra actual. En 1998, en el Centro Cultural Recoleta expuso «Restitución de la Memoria». «La memoria es el eje omnipresente de sus primeras indagaciones de la gráfica, como en un nuevo tipo de figuración creado a partir de registros arquitectónicos de gran contraste», señaló sobre aquella muestra la crítica Adriana Herrera en «Revista Artes» de Santo Domingo.En 2006 en la Galería Chelsea de Miami, Florida, presentó «Fragmentos», con series que logran efectos de movimiento por medio de la reconstrucción y superposición de fragmentos. Giovanetti nació en Buenos Aires en 1948. Entre otras muestras se destacan «Missing», en el Stockhausen Museum de Alemania (1995); «2° Biennial Exhibit of Contemporary Latin-American Art», en el Cornell Museum of Art, Florida (2002), y en el Museum of Latín American Art, Long Beach, California (2007).Luego de una larga trayectoria en la que ha transitado de la figuración a la abstracción, en sus últimas series Giovanetti ha ido eliminando los elementos narrativos de su obra y se ha ido centrando en su singular abstracción geométrica. Los historiadores coinciden en que fue Vasili Kandinsky quien, hacia 1910, abolió los últimos vestigios de la figuración pictórica, y toman a una acuarela suya como el nacimiento del arte abstracto (también llamado no representativo, no objetivo o no figurativo).En 1913, en Moscú, también ciudad natal de Kandinsky, iniciaba Kasimir Malevich un nuevo camino con su Cuadrado negro sobre fondo blanco. La abstracción geométrica, realizada por las más antiguas civilizaciones humanas y también por las más recientes de la vieja América, entra en el arte de Occidente desde el Este, la Rusia de 1913, donde Malevich la rescata en términos estéticos y religiosos. El Constructivismo soviético, el Neoplasticismo holandés, los desarrollos del Bauhaus alemán y el Arte Concreto europeo de la década del 30, son las etapas posteriores.Veinte años después de la muestra de Pettoruti (1924), y bajo la influencia del uruguayo Joaquín Torres García, aparece en la Argentina la geometría de la cual derivan el Concretismo, el Movimiento Madí (1944) y el Perceptismo (1945 a 1947). Con estos creadores locales nace el arte experimental y la teoría de la pintura. La tendencia continúa en la década del 60 con el arte óptico (Op Art), el cinético y la llamada Nueva abstracción (Hard edge), una variante del arte geométrico que anuncia el Minimalismo.Mientras tanto, se fue constituyendo una línea cuya característica unificadora es la atenuación del rigor formal, por medio de efusiones cromáticas. Lo que años más tarde el critico de arte y poeta surrealista Aldo Pellegrini llamara Geometría sensible y hoy encarna Miguel A. Giovanetti.Sus últimas obras, se caracterizan por su estructuración en planos que generan tramados geométricos de singular cromatismo. Entre sus recuperaciones, se ha destacado la «cita de Broadway Boogi-Woogie obra de Mondrian», en las imágenes que compone con fragmentos de diferentes tonos y provocan un efecto de luz sobre la tela.
Por: Jorge Glusberg
El jueves a las 19 se inaugurará en la Galería RO (Paraná 1158), dirigida por Roxana Olivieri y Damián Scher, «Geometrías» de Miguel Ángel Giovanetti, que expone obras de «Inside» su última serie abstracto-geométrica caracterizada por su singular elaboración cromática.Desde nuestros primeros contactos con su obra, a fines de los ochenta, en sus participaciones en concursos como el Premio de Pintura Movado-Cayc (1988), hasta hoy, hemos conocido el desarrollo de más de dos décadas de su trayectoria rica en exploraciones cromáticas, arte digital y manipulación de imágenes. En sus distintas series, Giovanetti reflexiona sobre el status de lo real y el papel de la subjetividad en el arte contemporáneo.«Las cosas no son como parecen», sostiene el artista. En los entramados geométricos planteados en la imagen digital de Homenaje a Boccioni (1996), Giovanetti anticipa sus preocupaciones estéticas actuales. En 1999 presentó «Memor-oris», exposición en la que desarrolló una serie en torno al retrato de Umberto Boccioni uno de los heraldos del futurismo italiano, que en la cabalgata de las vanguardias históricas, la primera que se presenta como tal, con su programa y sus teorías, sus luchas y sus polémicas. Y es también la primera en exaltar la vida moderna y la revolución tecnológica.El ideólogo y animador del Futurismo es un poeta, Filippo Marinetti, lamentablemente fascista, que anuncia la llegada de este movimiento pluridisciplinario a comienzos del 1909. Sus líderes son, además de Boccioni, Giacomo Balla, Gino Severino, Carlos Carrá y Luigi Russolo, firmantes de los dos manifiestos aparecidos en Milán en 1910. En ambos escritos, surge el rechazo al pasado y la visión ardorosa de la actualidad.El movimiento es la obsesión de los pintores futuristas. A la descomposición de las formas a través de la luz y el color, tomada del puntillismo, los futuristas unen la estructuración en planos seguida por los cubistas, para representar de ese modo al movimiento y la simultaneidad. Los futuristas apuestan a la agresividad cromática.«La máquina, la luz eléctrica y su reverberación en las ciudades, proyecta el pensamiento hacia la era electrónica. Así el plano virtual - que el futurismo lanza al espacio con sus líneas de fuerza- sufre una apropiación en la obra de Giovanetti», escribió Rosa Faccaro en el prólogo a su muestra actual. En 1998, en el Centro Cultural Recoleta expuso «Restitución de la Memoria». «La memoria es el eje omnipresente de sus primeras indagaciones de la gráfica, como en un nuevo tipo de figuración creado a partir de registros arquitectónicos de gran contraste», señaló sobre aquella muestra la crítica Adriana Herrera en «Revista Artes» de Santo Domingo.En 2006 en la Galería Chelsea de Miami, Florida, presentó «Fragmentos», con series que logran efectos de movimiento por medio de la reconstrucción y superposición de fragmentos. Giovanetti nació en Buenos Aires en 1948. Entre otras muestras se destacan «Missing», en el Stockhausen Museum de Alemania (1995); «2° Biennial Exhibit of Contemporary Latin-American Art», en el Cornell Museum of Art, Florida (2002), y en el Museum of Latín American Art, Long Beach, California (2007).Luego de una larga trayectoria en la que ha transitado de la figuración a la abstracción, en sus últimas series Giovanetti ha ido eliminando los elementos narrativos de su obra y se ha ido centrando en su singular abstracción geométrica. Los historiadores coinciden en que fue Vasili Kandinsky quien, hacia 1910, abolió los últimos vestigios de la figuración pictórica, y toman a una acuarela suya como el nacimiento del arte abstracto (también llamado no representativo, no objetivo o no figurativo).En 1913, en Moscú, también ciudad natal de Kandinsky, iniciaba Kasimir Malevich un nuevo camino con su Cuadrado negro sobre fondo blanco. La abstracción geométrica, realizada por las más antiguas civilizaciones humanas y también por las más recientes de la vieja América, entra en el arte de Occidente desde el Este, la Rusia de 1913, donde Malevich la rescata en términos estéticos y religiosos. El Constructivismo soviético, el Neoplasticismo holandés, los desarrollos del Bauhaus alemán y el Arte Concreto europeo de la década del 30, son las etapas posteriores.Veinte años después de la muestra de Pettoruti (1924), y bajo la influencia del uruguayo Joaquín Torres García, aparece en la Argentina la geometría de la cual derivan el Concretismo, el Movimiento Madí (1944) y el Perceptismo (1945 a 1947). Con estos creadores locales nace el arte experimental y la teoría de la pintura. La tendencia continúa en la década del 60 con el arte óptico (Op Art), el cinético y la llamada Nueva abstracción (Hard edge), una variante del arte geométrico que anuncia el Minimalismo.Mientras tanto, se fue constituyendo una línea cuya característica unificadora es la atenuación del rigor formal, por medio de efusiones cromáticas. Lo que años más tarde el critico de arte y poeta surrealista Aldo Pellegrini llamara Geometría sensible y hoy encarna Miguel A. Giovanetti.Sus últimas obras, se caracterizan por su estructuración en planos que generan tramados geométricos de singular cromatismo. Entre sus recuperaciones, se ha destacado la «cita de Broadway Boogi-Woogie obra de Mondrian», en las imágenes que compone con fragmentos de diferentes tonos y provocan un efecto de luz sobre la tela.
jueves, 30 de abril de 2009
Entrevista a Miguel Angel Giovanetti en ARSOmnibus
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Miguel Angel Giovanetti,
Prensa
ENCUENTRO CON EL ARTISTA
Hace unos días tuve ocasión de visitar la casa de Miguel Ángel Giovanetti en Caballito, y me lleve una buena sorpresa. No sólo porque él sea una persona agradable, eso en el mundo del arte, como se sabe bien, es lo de menos, sino porque su pintura, tras unos momentos de desconcierto, llegó a interesarme que va más allá de la pintura en sí, hacia la poesía, hacia la música. Esto debería pasar, creo, con cualquier obra de arte que nos encontremos. No tengo fe en la obra pura, la que sólo se abre a sí misma, la obra ensimismada.
Más tarde, habiendo escuchado a Giovanetti, habiendo hojeado los catálogos varias veces, tratando de recordar las sensaciones que su pintura, vista en persona, me provocaba, me di cuenta de que mi pequeña intuición no había fallado.
Lo que hace Giovanetti es una pintura abstracta, geométrica. Tiene otras series, además de la que expondrá en la Galería Ro a partir del 7 de mayo en las que incluye elementos figurativos, retratos, edificios. Pero en esta, los elementos son rayas, rectángulos de color, que a veces recuerdan los papeles pintados con los que se decoran las habitaciones de las casas. Los pinta en varias capas, un rectángulo de color encima de otro de otro color y otro tamaño. Luego viene la operación más interesante, que es cuando empieza a lavar los cuadros, a sacar capas de pintura, de manera que parece que aquel papel de pared se ha ido ajando con el tiempo. Y el resultado es, de verdad, un tratado poético sobre el paso del tiempo, el recuerdo y la aceptación de la vida con esa experiencia y ese conocimiento.
Giovanetti: Evidentemente, una obra de arte cuando está pintada ha sido terminada.
Para mí, al darle el aspecto del paso del tiempo, es como si la obra estableciera una dinámica de lo que fue a lo que es. Como si ese proceso no se interrumpiera nunca. Como si la terminación de la obra no fuera nunca. Siempre se van produciendo distintas degradaciones, y eso lo vinculo al paso del tiempo en la vida humana, la existencia.
Así que la limpieza de líneas del arte geométrico se empieza a deshacer con esa alusión al tiempo. Pero Giovanetti dijo algo que me llamó la atención: "Entonces, yo haciendo esos lavados, esas roturas, ya establezco que el paso del tiempo está implícito en la obra. Es como que a pesar de estar terminándola ya fuera atemporal." ¿Y no es precisamente esa atemporalidad lo que buscan los geométricos? Después de romper con la tradición de la abstracción geométrica, Giovanetti encuentra una manera de entroncar con ella de nuevo.Es como si pintara el futuro de una superficie como si fuera su pasado. La obra de Giovanetti, entonces, recuerda hacia adelante pero, de manera evidente, con conocimiento de causa. Proyecta el pasado hacia el futuro de la misma forma en que todos nos sabemos mortales. Esta proyección temporal asocia sus obras con la poesía, o para decirlo mejor, con lo poético, que depende precisamente de este tipo de proyecciones.
Sin ellas, además, cualquier idea de belleza, la de una obra plástica, literaria o musical, la de un edificio, la del cuerpo humano: si no recordamos el futuro (y aquí me gustaría eliminar cualquier alusión a una película de nombre similar), la belleza sería incomprensible, no sería belleza.
Las obras de Miguel Ángel Giovanetti son bellas, de una belleza tranquila, con la que se puede vivir. Y parece que nos dicen, Sí, con el pasado se puede vivir, y sí, también podemos vivir con lo que la experiencia nos dice que será el futuro.No quiero decir que las pinturas de Giovanetti sean tranquilizadoras, o anestesiantes, sino que abren caminos para que sepamos vivir con lo que la memoria, el recuerdo, tiene de inquietante.No es lo mismo saber que las cosas tienen sentido, aunque lo desconozcamos, que pensar que carecen de él. Estas obras se instalan en esa búsqueda sin aspavientos, sin gritos, sin escándalo. Buscan el sentido de lo que somos (materia en el tiempo, quizás) sin desesperación, con calma, como si él mismo y sus obras tuvieran todo el tiempo del mundo. Así, también, son atemporales.
por Roger Colom
Hace unos días tuve ocasión de visitar la casa de Miguel Ángel Giovanetti en Caballito, y me lleve una buena sorpresa. No sólo porque él sea una persona agradable, eso en el mundo del arte, como se sabe bien, es lo de menos, sino porque su pintura, tras unos momentos de desconcierto, llegó a interesarme que va más allá de la pintura en sí, hacia la poesía, hacia la música. Esto debería pasar, creo, con cualquier obra de arte que nos encontremos. No tengo fe en la obra pura, la que sólo se abre a sí misma, la obra ensimismada.
Más tarde, habiendo escuchado a Giovanetti, habiendo hojeado los catálogos varias veces, tratando de recordar las sensaciones que su pintura, vista en persona, me provocaba, me di cuenta de que mi pequeña intuición no había fallado.
Lo que hace Giovanetti es una pintura abstracta, geométrica. Tiene otras series, además de la que expondrá en la Galería Ro a partir del 7 de mayo en las que incluye elementos figurativos, retratos, edificios. Pero en esta, los elementos son rayas, rectángulos de color, que a veces recuerdan los papeles pintados con los que se decoran las habitaciones de las casas. Los pinta en varias capas, un rectángulo de color encima de otro de otro color y otro tamaño. Luego viene la operación más interesante, que es cuando empieza a lavar los cuadros, a sacar capas de pintura, de manera que parece que aquel papel de pared se ha ido ajando con el tiempo. Y el resultado es, de verdad, un tratado poético sobre el paso del tiempo, el recuerdo y la aceptación de la vida con esa experiencia y ese conocimiento.
Giovanetti: Evidentemente, una obra de arte cuando está pintada ha sido terminada.
Para mí, al darle el aspecto del paso del tiempo, es como si la obra estableciera una dinámica de lo que fue a lo que es. Como si ese proceso no se interrumpiera nunca. Como si la terminación de la obra no fuera nunca. Siempre se van produciendo distintas degradaciones, y eso lo vinculo al paso del tiempo en la vida humana, la existencia.
Así que la limpieza de líneas del arte geométrico se empieza a deshacer con esa alusión al tiempo. Pero Giovanetti dijo algo que me llamó la atención: "Entonces, yo haciendo esos lavados, esas roturas, ya establezco que el paso del tiempo está implícito en la obra. Es como que a pesar de estar terminándola ya fuera atemporal." ¿Y no es precisamente esa atemporalidad lo que buscan los geométricos? Después de romper con la tradición de la abstracción geométrica, Giovanetti encuentra una manera de entroncar con ella de nuevo.Es como si pintara el futuro de una superficie como si fuera su pasado. La obra de Giovanetti, entonces, recuerda hacia adelante pero, de manera evidente, con conocimiento de causa. Proyecta el pasado hacia el futuro de la misma forma en que todos nos sabemos mortales. Esta proyección temporal asocia sus obras con la poesía, o para decirlo mejor, con lo poético, que depende precisamente de este tipo de proyecciones.
Sin ellas, además, cualquier idea de belleza, la de una obra plástica, literaria o musical, la de un edificio, la del cuerpo humano: si no recordamos el futuro (y aquí me gustaría eliminar cualquier alusión a una película de nombre similar), la belleza sería incomprensible, no sería belleza.
Las obras de Miguel Ángel Giovanetti son bellas, de una belleza tranquila, con la que se puede vivir. Y parece que nos dicen, Sí, con el pasado se puede vivir, y sí, también podemos vivir con lo que la experiencia nos dice que será el futuro.No quiero decir que las pinturas de Giovanetti sean tranquilizadoras, o anestesiantes, sino que abren caminos para que sepamos vivir con lo que la memoria, el recuerdo, tiene de inquietante.No es lo mismo saber que las cosas tienen sentido, aunque lo desconozcamos, que pensar que carecen de él. Estas obras se instalan en esa búsqueda sin aspavientos, sin gritos, sin escándalo. Buscan el sentido de lo que somos (materia en el tiempo, quizás) sin desesperación, con calma, como si él mismo y sus obras tuvieran todo el tiempo del mundo. Así, también, son atemporales.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Hermosa nota de Ñ sobre A vuelo de Pajaro
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a vuelo de pajaro,
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En busca de otros paisajes
La galería RO convocó a una decena de artistas que realizaron paisajes desde un punto de vista aéreo. Distintas técnicas, las mismas ganas de elevarse.
por Alberto Giduici
Precursora del land-art, la primera intervención sobre la naturaleza concebida para ser vista desde las alturas -las celebérrimas Líneas de Nazca, en Perú-, ocupa una inmensa superficie en la Pampa de Nazca. Allí, representaciones de monos, lagartos, colibríes, llamas, símbolos diversos, fueron dispuestos para un único y privilegiado espectador posible, Inti, el dios Sol, pero los hacedores de esta enigmática obra nunca pudieron ver el vasto panorama que legaron como un rompedero de cabeza todavía sin descifrar.
Los humanos, sabemos, siempre buscaron vencer la ley de la gravedad y elevarse; y los artistas, eludir la visión rasante, un tanto chata, del paisaje. Hasta que Nadar pudo sobrevolar en globo y tomar las primeras vistas aéreas, un cerro, una loma, la torre de un castillo, eran ubicaciones ideales para capturar el hormigueo de la naturaleza y del hombre desde ángulos en picada más sugestivos.
La galerista y curadora Roxana Olivieri decidió rendir tributo a esos afanes, con obra de artistas argentinos. Con aguda sensibilidad reunió un conjunto diverso en cuanto a técnicas, procedimientos, motivos e intenciones pero con un elemento común que explicita el título de la muestra: A vuelo de pájaro. En la pequeña sala de la galería RO, con su gran frente vidriado sobre Paraná, conviven y dialogan obras de Carlos Alonso, Juan Doffo, Andrea Juan, Félix Rodríguez, Andrés Labaké, Esteban Pastorino, Juan Travnik y el Complejo Cultural integrado por artistas, ingenieros agrónomos y agricultores del partido de Nueve de Julio.
Este último grupo nos lleva al comienzo de la nota, a las Líneas de Nazca. "Fin zona urbana" es una intervención en la naturaleza realizada en la estancia La Catita, bajo la dirección de May Borovinsky. A partir de tomas aéreas, en 76 hectáreas, los participantes del proyecto realizaron una cuadrícula con una decena de diseños diferentes con cultivos de soja, maíz y girasol, en una ofrenda a esos seres anónimos que siembran los campos y crean formas y colores que después uno, desde un avión, exclama sorprendido: ¡Si parece un Mondrian! Una serie de fotos sigue el recorrido temporal que arrancó en octubre de 2005 para concluir en abril de 2006.
Hay otras visiones desde el aire cuando desciende un avión, en que los autos y las calles, los edificios o las pistas de aterrizaje parecen de juguete. La toma fotográfica de Pastorino, "Cuatro vientos", transita esa ambigua frontera donde realidad y simulacro desdibujan sus contornos. En cambio el mundo real, la Antártida y los riesgos que enfrenta por el calentamiento global, y una imagen virtual amenazante sobre-imprirniéndose, cercana al fuego, aparece como una clara señal de peligro: una constante en la obra de Andrea Juan. El fuego también es protagonista habitual en Doffo. En "Suspensa eternidad que cae", 2007, el lienzo está cargado de violentas tensiones lineales sobre la curva superficie de la tierra, mientras las llamaradas se pierden en el cielo. Por el contrario, "Jerusalén desde el aire", de Alonso, transmite una bucólica calma, al igual que la playa de Claromecó, vista por Travnik desde un médano, envuelta en aires apacibles. "Un Dique seco", la obra de Félix Rodríguez realizada en carbonilla, adquiere una inusitada potencia desde el aire mientras tonalidades doradas se pierden al infinito en la pintura de Labaké.
Olivieri colocó las obras a cuarenta centímetros del suelo, trazando una única línea perimetral que recorre las tres paredes de la sala, formando una suerte de panóptico. Es casi una "trampa" al espectador que así, en la percepción del conjunto, se siente por un momento como si levitara y fuera, él también, parte de esas sutiles visiones a vuelo de pájaro...
Revista Ñ
año VI n°269, 22 de noviembre de 2008, sección arte, página 32
La galería RO convocó a una decena de artistas que realizaron paisajes desde un punto de vista aéreo. Distintas técnicas, las mismas ganas de elevarse.
por Alberto Giduici

Precursora del land-art, la primera intervención sobre la naturaleza concebida para ser vista desde las alturas -las celebérrimas Líneas de Nazca, en Perú-, ocupa una inmensa superficie en la Pampa de Nazca. Allí, representaciones de monos, lagartos, colibríes, llamas, símbolos diversos, fueron dispuestos para un único y privilegiado espectador posible, Inti, el dios Sol, pero los hacedores de esta enigmática obra nunca pudieron ver el vasto panorama que legaron como un rompedero de cabeza todavía sin descifrar.
Los humanos, sabemos, siempre buscaron vencer la ley de la gravedad y elevarse; y los artistas, eludir la visión rasante, un tanto chata, del paisaje. Hasta que Nadar pudo sobrevolar en globo y tomar las primeras vistas aéreas, un cerro, una loma, la torre de un castillo, eran ubicaciones ideales para capturar el hormigueo de la naturaleza y del hombre desde ángulos en picada más sugestivos.
La galerista y curadora Roxana Olivieri decidió rendir tributo a esos afanes, con obra de artistas argentinos. Con aguda sensibilidad reunió un conjunto diverso en cuanto a técnicas, procedimientos, motivos e intenciones pero con un elemento común que explicita el título de la muestra: A vuelo de pájaro. En la pequeña sala de la galería RO, con su gran frente vidriado sobre Paraná, conviven y dialogan obras de Carlos Alonso, Juan Doffo, Andrea Juan, Félix Rodríguez, Andrés Labaké, Esteban Pastorino, Juan Travnik y el Complejo Cultural integrado por artistas, ingenieros agrónomos y agricultores del partido de Nueve de Julio.
Este último grupo nos lleva al comienzo de la nota, a las Líneas de Nazca. "Fin zona urbana" es una intervención en la naturaleza realizada en la estancia La Catita, bajo la dirección de May Borovinsky. A partir de tomas aéreas, en 76 hectáreas, los participantes del proyecto realizaron una cuadrícula con una decena de diseños diferentes con cultivos de soja, maíz y girasol, en una ofrenda a esos seres anónimos que siembran los campos y crean formas y colores que después uno, desde un avión, exclama sorprendido: ¡Si parece un Mondrian! Una serie de fotos sigue el recorrido temporal que arrancó en octubre de 2005 para concluir en abril de 2006.
Hay otras visiones desde el aire cuando desciende un avión, en que los autos y las calles, los edificios o las pistas de aterrizaje parecen de juguete. La toma fotográfica de Pastorino, "Cuatro vientos", transita esa ambigua frontera donde realidad y simulacro desdibujan sus contornos. En cambio el mundo real, la Antártida y los riesgos que enfrenta por el calentamiento global, y una imagen virtual amenazante sobre-imprirniéndose, cercana al fuego, aparece como una clara señal de peligro: una constante en la obra de Andrea Juan. El fuego también es protagonista habitual en Doffo. En "Suspensa eternidad que cae", 2007, el lienzo está cargado de violentas tensiones lineales sobre la curva superficie de la tierra, mientras las llamaradas se pierden en el cielo. Por el contrario, "Jerusalén desde el aire", de Alonso, transmite una bucólica calma, al igual que la playa de Claromecó, vista por Travnik desde un médano, envuelta en aires apacibles. "Un Dique seco", la obra de Félix Rodríguez realizada en carbonilla, adquiere una inusitada potencia desde el aire mientras tonalidades doradas se pierden al infinito en la pintura de Labaké.
Olivieri colocó las obras a cuarenta centímetros del suelo, trazando una única línea perimetral que recorre las tres paredes de la sala, formando una suerte de panóptico. Es casi una "trampa" al espectador que así, en la percepción del conjunto, se siente por un momento como si levitara y fuera, él también, parte de esas sutiles visiones a vuelo de pájaro...
Revista Ñ
año VI n°269, 22 de noviembre de 2008, sección arte, página 32
jueves, 30 de octubre de 2008
A vuelo de Pajaro en Leedor.com
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a vuelo de pajaro,
Prensa
Ingresando en este link podrán leer la hermosa nota que escribió Kekena Corbalán sobre la muestra "A vuelo de pájaro"
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Hermosa crítica sobre "Detrás del Círuclo Polar"
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Marina Curci,
Prensa
por Luis Espinosa
Cuando Mary Shelley escribe Frankenstein está pensando en otra cosa muy distinta de la que pensaron los productores de Hollywood cuando leyeron el libro.Estos se esforzaron por hacer una morbosa descripción del monstruo. Aquella necesitó sólo la presencia monstruosa, sin detalles, para contar en una historia dentro de otra, la vivencia espiritual de Robert Walton.
Ese relato, como las imágenes que hoy nos ocupan, transcurren desde un barco en el blanco frío hielo del polo.
Lejano lugar inalcanzable, para Shelley, el polo Norte.
El polo Sur, deseado paisaje de la Antártida, capturado, condensado por la mirada y los rápidos y certeros movimientos de la mano de Marina Curci.
La pintora había mostrado antes una evidente maestría en el uso de la témpera y la acuarela, destacada discípula del maestro Guillermo Roux.
Lograba en sus trabajos una imposible descripción de la realidad, una emotiva llegada a las cosas.
Pero el mar que la llama desde su propio nombre, le tendría deparada una aventura más allá del confín, tanto del mundo conocido como de los límites de su propia pintura.
Una misteriosa atracción la llevó a interesarse por el rompehielos Almirante Irízar, lo deseó, tal vez intuyendo que allí se escondía la clave para desentrañar un nudo.
Lo dibujó con minuciosidad conociendo sus entrañas. Hasta que logró partir como pasajera en un viaje al sur, que pasaría el paralelo del círculo polar.
No lo emprendió como un viaje de turismo sino que enfrentó al frío con un trabajo febril que tuvo como fruto más de doscientas obras. En cubierta, al aire libre, detrás del vidrio del puente de comando, envuelta en abrigos o la pintura congelada en la punta del pincel. Insoportable el frío, inabarcable la belleza del paisaje.
Marina buscaba ya no el dato riguroso al que su técnica la tenía acostumbrada, sino el límite, la superación del límite, impulsada por un deseo imperioso, una urgencia. ¿Por qué esa necesidad de ir a buscarlo tan lejos? Algo había allí que no podría encontrar en ningún otro lado del planeta. Y se lanzó a traerlo, nos lo trajo.
El catálogo, excelente, editado por la Galería RO con texto de Laura Malosetti Costa, muestra indicios de un diario de viaje, registro de de acontecimientos y lugares, que nos deja con la sensación de que cada anotación verifica que ahí no está realmente lo que se estaba buscando. Estas obras no son la crónica de un viaje, si entendemos por viaje: ir en barco a la Antártida. El viaje es en otra dirección pero realmente se descubre, se percibe en su verdadero sentido, sólo al enfrentarse con aquella inmensidad, con la sutil diferencia de colores en las que se descompone el blanco y el azul.
Y aquí retomamos la cita de la novela de Shelley. En ella podemos vislumbrar la trama más fina, que se aleja de la espectacularidad del monstruo maquillado. Robert Walton, un marino, en un viaje riesgoso en busca de la gloria se enfrenta ante su propio límite e imagina, inventa tal vez, y escribe en su diario una historia que es a la vez una reflexión sobre una toma de decisión. Su propio monstruo interior, lo acosa y pretende destruirlo, él lo nombra como el relato de Víctor Frankenstein pero es ante sí mismo el enfrentamiento. Cuando logra aceptar su propia contingencia, lo que consigue es ese renunciamiento que lo libera y a la vez lo potencia, descubriendo el momento de regresar a casa. Transfigurado.
Marina teniendo la capacidad del máximo despliegue, se sumerge en el silencio más íntimo y todo lo que podría haber dicho con mil recursos se termina concentrando en un sólo gesto. Lo consigue de un modo sorprendente en las más simples y abstractas acuarelas que se acercan a lo real, alejándose.
Todo con nada, nos transporta hacia el desafío de enfrentar a nuestro propio monstruo, alienta la valentía de llegar al silencio más profundo.
Podría pensarse: paisajes, otra muestra más de paisajes, con el agregado pintoresco de lo exótico. Pero no.
No parece una muestra más. Estas pinturas nos colocan en el límite mismo de la experiencia humana y precisamente por ser paisajes, por lo que se pinta evitando pintar, por su silencio monumental, por pararse al borde del ser o no ser, revierten en interioridad. Dejan de estar afuera para ser contempladas y se expanden adentro como conceptos visuales que la mente elabora para entenderse o mucho más allá, para animarse.
Dicen los que estuvieron: La Antártida es así, esa emoción.
Saben los que no estuvieron que no importa tanto cómo es o no es el continente blanco; más importa verse reflejados, como realmente somos, cara a cara con la desnudez de esas pinceladas. Motivados por eso, emprendemos el viaje.
[publicada en ramona]
sábado, 23 de agosto de 2008
viernes, 22 de agosto de 2008
jueves, 3 de julio de 2008
miércoles, 18 de junio de 2008
Ana Lía Werthein en Estilos
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Ana Lía Werthein,
Prensa,
Santiago Raffo
La presentación del libro de Ana Lía Werthein en el Malba en un reportaje en Estilos:
viernes, 6 de junio de 2008
Emma Livingston en Lens Culture
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Emma Livingston,
Prensa
Lens Culture, revista francesa dedicada a la fotografía y el arte contemporáneo, publicó este mes una nota sobre la serie "Urban tree portraits" de Emma Livingston.
Para ver la serie y la nota, hacer click aquí
miércoles, 4 de junio de 2008
Aníbal Garfunkel con Lalo Mir
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Aníbal Garfunkel,
Prensa

El 11 de junio a las 20 hs. por canal 7, Aníbal Garfunkel estará junto a Lalo Mir en su programa La Vida es Arte. Allí hablará de "Black Water" la impactante serie de obras realizadas con brea y pintura asfáltica que está exponiendo en nuestro espacio hasta el 13 de junio.
viernes, 30 de mayo de 2008
domingo, 20 de abril de 2008
Sobre Alicia Díaz Rinaldi, Luis Espinosa escribió...
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Alicia Díaz Rinaldi,
Prensa
Circulaciones Secretas
¿Te has visto alguna vez en un espejo de mueble viejo?¿Has intentado verte en la palma de tu mano?
Obras sobre papel, técnicas de grabado, pintura. Una sólida composición que establece primero el desafío de la inestabilidad y se resuelve con precisión en la calma tensa, un equilibrio a fuerza de caminar por el borde.Efectivamente, los dos sistemas a los que alude Rosa María Ravera en el catálogo, están ahí constituyéndose: una unidad. Uno signado por el orden de la geometría y el otro, por la grafía incierta de la casualidad.
Hay una clave en la más antigua de estas obras (2005), es la única donde no aparece la geometría. A la izquierda un plano absolutamente negro adquiere presencia y peso por la cantidad de superficie que ocupa y a través de un irregular límite entra en relación con otro plano a la derecha en el que aparecen marcas, rayones, arañazos, corrosiones, hendiduras, raspones.Pareciera decir desde su desnudez que hay algo allí que espera ser descubierto.Si su título: "Emergiendo", se abriese como un indicio más, podríamos sentir que desde una zona de absoluto silencio comienza a levantarse un estado contemplativo que por un lado en la artista, ha hurgado un misterio y ahora en el espectador, evoca la presencia de un "caos preformal"(2).
El desarrollo de la serie pondrá en acto una experiencia deslumbrante.Al encontrarnos con obras que ofrecen significantes sin significados, al no poder detenernos ante el nombre de las cosas y su referencia directa a objetos del mundo, solemos quedarnos con la lectura compositiva que ofrece el plano. Equilibrio, composición y la habilidad técnica que posee un artista para prestidigitar.Pero a Alicia Díaz Rinaldi le sobra capacidad para lograr ésto y entonces suponiendo que sucederá y para bien de su arte, se dedica a otra cosa: a establecer un puente entre la obra, mientras va emergiendo, y su conciencia que intuye forma desde el caos.
La tarea para el contemplador no será limitarse a recorrer sistemáticamente el plano bidimensional de cada obra pasando de una a otra en una caminata lateral.Detenerse. Esperar. Esperar más de lo esperable.Si bien una obra de arte visual se da inmediatamente, (está toda allí delante mientras se observa); no se da en un sólo instante la capacidad de contemplar. Por eso hay que darle tiempo para que nos active, para que ponga en funcionamiento mecanismos y lugares de nuestro ser que de otra manera permanecerían en la zona de silencio.En ese ritual la obra de Díaz Rinaldi comienza a manifestar sus "Revelaciones". Se empieza a contemplar la profunda forma que nos deslumbra.
Descubrimos que esos dos sistemas no están tan unidos como parece. En el primero predomina la estructura ortogonal, se cierran planos con lados y ángulos rectos, pululan los cuadrados, la repetición equidistante y rítmica. Y por contraste, el segundo sistema se convulsiona en un universo caótico.Ocurre que el primer sistema se superpone sobre el segundo, al que aludíamos más arriba como clave. Y se genera un contrapunto. Mientras se lee la regularidad de estas formas, o se las reconoce al primer golpe de vista, parece imposible ver y recorrer el segundo sistema. Pero al intentarlo entramos en su profundidad aleatoria, se acomoda nuestro ojo como si de una lejanía se tratara y dejamos de ver el detalle y el número de la geometría. Cuando volvemos a ésta, el vértice, el orden y la medida, nos alejan de aquel mundo insondable.La visivilidad de uno excluye al otro, lo que da por resultado que no se encuentran en el mismo lugar. Pero cada uno se ubica en relación al otro forzando la percepción de esa distancia.
La secreta forma de estas obras no se encuentra en la bidimensionalidad en las que fueron magistralmente compuestas. La forma secreta está en la dirección de penetración espacial, perpendicular al plano, que produce esa superposición de niveles, y que no es como la ilusión óptica de la perspectiva, (ilusión de profundidad hacia lo lejos), aquí, comienza en la experiencia de la visión cercana, foco de la conciencia, y llega hasta la lejanía que revierte capa sobre capa a la profundidad de nuestra propia profundidad.Un modo de sondearnos especularmente.Palimpsesto del inconsciente.Ahí, la emoción.
Una experiencia sólo puede ser vivida, no es reemplazable por palabras que la cuenten y, en todo caso, esas palabras cuentan sólo la experiencia de quien la cuenta.El juego: vivenciar el espacio que ofrece esta obra para verse cara a cara.¿Te has visto alguna vez?
Luis Espinosa
(1) Dos palabras que tomé como hipótesis, del texto del catálogo escrito por Ravera
(2) Este concepto es de Ricardo Martín-Crosa
[publicado en ramona]
¿Te has visto alguna vez en un espejo de mueble viejo?¿Has intentado verte en la palma de tu mano?
Obras sobre papel, técnicas de grabado, pintura. Una sólida composición que establece primero el desafío de la inestabilidad y se resuelve con precisión en la calma tensa, un equilibrio a fuerza de caminar por el borde.Efectivamente, los dos sistemas a los que alude Rosa María Ravera en el catálogo, están ahí constituyéndose: una unidad. Uno signado por el orden de la geometría y el otro, por la grafía incierta de la casualidad.
Hay una clave en la más antigua de estas obras (2005), es la única donde no aparece la geometría. A la izquierda un plano absolutamente negro adquiere presencia y peso por la cantidad de superficie que ocupa y a través de un irregular límite entra en relación con otro plano a la derecha en el que aparecen marcas, rayones, arañazos, corrosiones, hendiduras, raspones.Pareciera decir desde su desnudez que hay algo allí que espera ser descubierto.Si su título: "Emergiendo", se abriese como un indicio más, podríamos sentir que desde una zona de absoluto silencio comienza a levantarse un estado contemplativo que por un lado en la artista, ha hurgado un misterio y ahora en el espectador, evoca la presencia de un "caos preformal"(2).
El desarrollo de la serie pondrá en acto una experiencia deslumbrante.Al encontrarnos con obras que ofrecen significantes sin significados, al no poder detenernos ante el nombre de las cosas y su referencia directa a objetos del mundo, solemos quedarnos con la lectura compositiva que ofrece el plano. Equilibrio, composición y la habilidad técnica que posee un artista para prestidigitar.Pero a Alicia Díaz Rinaldi le sobra capacidad para lograr ésto y entonces suponiendo que sucederá y para bien de su arte, se dedica a otra cosa: a establecer un puente entre la obra, mientras va emergiendo, y su conciencia que intuye forma desde el caos.
La tarea para el contemplador no será limitarse a recorrer sistemáticamente el plano bidimensional de cada obra pasando de una a otra en una caminata lateral.Detenerse. Esperar. Esperar más de lo esperable.Si bien una obra de arte visual se da inmediatamente, (está toda allí delante mientras se observa); no se da en un sólo instante la capacidad de contemplar. Por eso hay que darle tiempo para que nos active, para que ponga en funcionamiento mecanismos y lugares de nuestro ser que de otra manera permanecerían en la zona de silencio.En ese ritual la obra de Díaz Rinaldi comienza a manifestar sus "Revelaciones". Se empieza a contemplar la profunda forma que nos deslumbra.
Descubrimos que esos dos sistemas no están tan unidos como parece. En el primero predomina la estructura ortogonal, se cierran planos con lados y ángulos rectos, pululan los cuadrados, la repetición equidistante y rítmica. Y por contraste, el segundo sistema se convulsiona en un universo caótico.Ocurre que el primer sistema se superpone sobre el segundo, al que aludíamos más arriba como clave. Y se genera un contrapunto. Mientras se lee la regularidad de estas formas, o se las reconoce al primer golpe de vista, parece imposible ver y recorrer el segundo sistema. Pero al intentarlo entramos en su profundidad aleatoria, se acomoda nuestro ojo como si de una lejanía se tratara y dejamos de ver el detalle y el número de la geometría. Cuando volvemos a ésta, el vértice, el orden y la medida, nos alejan de aquel mundo insondable.La visivilidad de uno excluye al otro, lo que da por resultado que no se encuentran en el mismo lugar. Pero cada uno se ubica en relación al otro forzando la percepción de esa distancia.
La secreta forma de estas obras no se encuentra en la bidimensionalidad en las que fueron magistralmente compuestas. La forma secreta está en la dirección de penetración espacial, perpendicular al plano, que produce esa superposición de niveles, y que no es como la ilusión óptica de la perspectiva, (ilusión de profundidad hacia lo lejos), aquí, comienza en la experiencia de la visión cercana, foco de la conciencia, y llega hasta la lejanía que revierte capa sobre capa a la profundidad de nuestra propia profundidad.Un modo de sondearnos especularmente.Palimpsesto del inconsciente.Ahí, la emoción.
Una experiencia sólo puede ser vivida, no es reemplazable por palabras que la cuenten y, en todo caso, esas palabras cuentan sólo la experiencia de quien la cuenta.El juego: vivenciar el espacio que ofrece esta obra para verse cara a cara.¿Te has visto alguna vez?
Luis Espinosa
(1) Dos palabras que tomé como hipótesis, del texto del catálogo escrito por Ravera
(2) Este concepto es de Ricardo Martín-Crosa
[publicado en ramona]
viernes, 4 de abril de 2008
Pat Andrea en La Vida es Arte
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Pat Andrea,
Prensa
Ayer estuvo la producción de La Vida es Arte grabando una entrevista a Roxana Olivieri sobre Pat Andrea para un especial que van a hacer en su programa sobre este artista holandés que expuso en nuestra galería en dos oportunidades: Cuestión de Familia, junto con su esposa, sus hijos y su padre con quienes comparte la pasión por la pintura y PatAlonso con Carlos Alonso.
Podrán ver el programa el 9 de abril a las 20 hs. por Canal 7. Conducido por Lalo Mir.


Podrán ver el programa el 9 de abril a las 20 hs. por Canal 7. Conducido por Lalo Mir.
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