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miércoles, 22 de agosto de 2012

marina curci / abismo

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"...la Naturaleza ha reservado ciertamente para los habitantes del mar uno de sus más prodigiosos espectáculos, según yo podía juzgarlo al ver los mil juegos variables de aquella luz."

Marina Curci (Buenos Aires, 1969) expone en RO Galería de arte la serie Abismos: una colección de pinturas pensadas con una perspectiva di sotto in sú.
La artista si sitúa en el fondo del mar, donde ya casi no llega la luz del sol e imagina la vegetación que nunca vio. Trabaja con pasteles sobre papel a los que agrega pigmentos iridiscentes que se activan con la luz y logran distintas reflejos que hacen que las obras cambien.
Sobre ella queda la tranquila superficie del mar y en el fondo, donde la artista pone su mirada imaginaria se despliega un jardín acuático de inconmensurable belleza.

“…¡Qué espectáculo! ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo describir el aspecto de esos bosques y de esas rocas en medio de ese paisaje líquido, su parte inferior sombría y feroz, su parte alta teñida de tonos rojizos, en aquella claridad que duplicaba el poder reflectante de las aguas?”

Fragmentos de 20000 Leguas de Viaje Submarino / Julio Verne


Inauguración: Jueves 23 de agosto, 19 hs.

lunes, 18 de octubre de 2010

en el Bosque - Marina Curci: texto de catálogo por Guillermo Roux

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Sobre la pintura de Marina Curci

Acercarnos a la pintura de Marina Curci es querer aferrar lo que parecen ser hojas, flores, matorrales enmarañados.
Es querer desentrañar lo que estamos viendo y de esta manera acercarnos a un rincón de naturaleza poetizada.
Creo que, sin embargo, lo que Marina pinta está tan lejos de nosotros que esa naturaleza se nos escapa sumergiéndose en un indescriptible mar.
Para mi es difícil sentir que el agua no pasa entre los tallos, las flores, las hojas.
Esta pintura no es un pedazo de la realidad, aunque comience en ella.
Marina nos describe un mundo encantado, tejido por un laberinto que lo ata y lo desata.
Arabescos que crecen transformados en puro juego de la imaginación, arabescos que parecen enroscarse en nuestros sueños, arabescos que parecieran cerrar horizontes al mismo tiempo que abren otros, donde lo luminoso del rayo de sol queda atrapado. Y al lado, las profundidades en las que parece hundirse esa maleza.
Es en esta vegetación fantástica donde el imposible se junta con lo verdadero, temblando de oscura o luminosa emoción. Y podemos imaginarla dentro de lo humano; es entonces que esas imágenes tienen la atracción de lo desconocido.
Entramos a estos laberintos atraídos por lo que parece simple y nos encontramos con sombras crepusculares, donde conviven el encanto de lo velado y la complejidad de lo opaco sin sonido.
Sólo una pintura en la que canta la vida de otros mundos.
Sé que en el Sur de Buenos Aires donde vive Marina no está Atenas ni hay Olimpos ni hay míticos bosques poblados en sus laderas. No están ni los Teseos ni los Filóstratos, tampoco los Puck ni las Elenas ni los Oberones. Pero seguro que hay hadas confundidas con luciérnagas en las noches de verano. Hadas que habitan el laberinto para que las luces del día no quemen sus alas.
Y de noche, en esas noches de verano quizás puedan dejar caer lágrimas como rocío.
Y "…sobre el llano de la colina, entre arbustos y moras silvestres, sobre el parque y el cercado, por entre el agua y el fuego, vagan por todas partes, más rápidas que la esfera de la luna, sirviendo de rocío al césped, los rastros que dejan los bailes de la Reina de las Hadas. Las altas velloritas son las pasionarias de las Hadas y se ven manchas en sus mantos de oro: son los rubíes, ofrendas de Hadas y en sus motas rojizas residen los perfumes.
Allí el Hada debe buscar las gotas de rocío y prender una perla en la oreja de cada prímula. Y entonces, cuando nos parece que todo lo representado va a ser nuestro, llega el momento del adiós. ¡Adiós tú, el más grave de los espíritus! Tengo que partir. Y allí se van las Hadas con todo su séquito…"*
No estamos seguros de que volverá junto con los hados, porque todo pasa.
El intento de aferrar tan resbaladiza poesía como es la de esta pintura puede llevarnos a tocar las alas de la libélula, que no acepta encierros ni doctrina ni cerrados laberintos, sólo conoce la alegría del rocío en una luminosa noche de sueño de verano.
Guillermo Roux
Septiembre de 2010


*W. Shakespeare, del acto II, escena I (Un bosque cerca de Atenas), Sueño de una noche de verano, diálogo del Hada con Puck

martes, 5 de octubre de 2010

en el Bosque - Marina Curci: inauguración 7 de octubre 19hs.

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RO Galería de Arte presenta la exposición en el bosque de la artista plástica Marina Curci. En esta oportunidad presenta una serie de acuarelas, carbonillas y temples de cera mostrando desde su particular punto de vista una serie de “naturalezas vivas”.
En sus obras evita la tradicional vista a vuelo de pájaro, abarcadora y omnipresente, y prefiere una mirada que construye de abajo hacia arriba, para llevar a espectador a un pequeño espacio de recogimiento. De esta forma, la naturaleza se despliega, se multiplica y se espesa en nuestros ojos.
Marina trabaja con el amor a la cocina del arte, moliendo los pigmentos y fabricando sus propias carbonillas con madera de sauce. Es una pintora de oficio, celosa de las técnicas y de manufactura delicada y sutil.

viernes, 19 de marzo de 2010

Empiezamos el 2010!

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Los invitamos a ver algunas obras nuevas de Marina Curci que están expuestas en la galería como un preview de su próxima muestra.

del 22 de marzo al 9 de marzo. Lunes a viernes de 14 a 20hs.

viernes, 26 de junio de 2009

el invierno y el paisaje

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Los esperamos con un sorprendente contrapunto de Marina Curci y Emma Livingston

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Hermosa crítica sobre "Detrás del Círuclo Polar"

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por Luis Espinosa
Cuando Mary Shelley escribe Frankenstein está pensando en otra cosa muy distinta de la que pensaron los productores de Hollywood cuando leyeron el libro.
Estos se esforzaron por hacer una morbosa descripción del monstruo. Aquella necesitó sólo la presencia monstruosa, sin detalles, para contar en una historia dentro de otra, la vivencia espiritual de Robert Walton.
Ese relato, como las imágenes que hoy nos ocupan, transcurren desde un barco en el blanco frío hielo del polo.
Lejano lugar inalcanzable, para Shelley, el polo Norte.
El polo Sur, deseado paisaje de la Antártida, capturado, condensado por la mirada y los rápidos y certeros movimientos de la mano de Marina Curci.
La pintora había mostrado antes una evidente maestría en el uso de la témpera y la acuarela, destacada discípula del maestro Guillermo Roux.
Lograba en sus trabajos una imposible descripción de la realidad, una emotiva llegada a las cosas.
Pero el mar que la llama desde su propio nombre, le tendría deparada una aventura más allá del confín, tanto del mundo conocido como de los límites de su propia pintura.
Una misteriosa atracción la llevó a interesarse por el rompehielos Almirante Irízar, lo deseó, tal vez intuyendo que allí se escondía la clave para desentrañar un nudo.
Lo dibujó con minuciosidad conociendo sus entrañas. Hasta que logró partir como pasajera en un viaje al sur, que pasaría el paralelo del círculo polar.
No lo emprendió como un viaje de turismo sino que enfrentó al frío con un trabajo febril que tuvo como fruto más de doscientas obras. En cubierta, al aire libre, detrás del vidrio del puente de comando, envuelta en abrigos o la pintura congelada en la punta del pincel. Insoportable el frío, inabarcable la belleza del paisaje.
Marina buscaba ya no el dato riguroso al que su técnica la tenía acostumbrada, sino el límite, la superación del límite, impulsada por un deseo imperioso, una urgencia. ¿Por qué esa necesidad de ir a buscarlo tan lejos? Algo había allí que no podría encontrar en ningún otro lado del planeta. Y se lanzó a traerlo, nos lo trajo.
El catálogo, excelente, editado por la Galería RO con texto de Laura Malosetti Costa, muestra indicios de un diario de viaje, registro de de acontecimientos y lugares, que nos deja con la sensación de que cada anotación verifica que ahí no está realmente lo que se estaba buscando. Estas obras no son la crónica de un viaje, si entendemos por viaje: ir en barco a la Antártida. El viaje es en otra dirección pero realmente se descubre, se percibe en su verdadero sentido, sólo al enfrentarse con aquella inmensidad, con la sutil diferencia de colores en las que se descompone el blanco y el azul.
Y aquí retomamos la cita de la novela de Shelley. En ella podemos vislumbrar la trama más fina, que se aleja de la espectacularidad del monstruo maquillado. Robert Walton, un marino, en un viaje riesgoso en busca de la gloria se enfrenta ante su propio límite e imagina, inventa tal vez, y escribe en su diario una historia que es a la vez una reflexión sobre una toma de decisión. Su propio monstruo interior, lo acosa y pretende destruirlo, él lo nombra como el relato de Víctor Frankenstein pero es ante sí mismo el enfrentamiento. Cuando logra aceptar su propia contingencia, lo que consigue es ese renunciamiento que lo libera y a la vez lo potencia, descubriendo el momento de regresar a casa. Transfigurado.
Marina teniendo la capacidad del máximo despliegue, se sumerge en el silencio más íntimo y todo lo que podría haber dicho con mil recursos se termina concentrando en un sólo gesto. Lo consigue de un modo sorprendente en las más simples y abstractas acuarelas que se acercan a lo real, alejándose.
Todo con nada, nos transporta hacia el desafío de enfrentar a nuestro propio monstruo, alienta la valentía de llegar al silencio más profundo.
Podría pensarse: paisajes, otra muestra más de paisajes, con el agregado pintoresco de lo exótico. Pero no.
No parece una muestra más. Estas pinturas nos colocan en el límite mismo de la experiencia humana y precisamente por ser paisajes, por lo que se pinta evitando pintar, por su silencio monumental, por pararse al borde del ser o no ser, revierten en interioridad. Dejan de estar afuera para ser contempladas y se expanden adentro como conceptos visuales que la mente elabora para entenderse o mucho más allá, para animarse.
Dicen los que estuvieron: La Antártida es así, esa emoción.
Saben los que no estuvieron que no importa tanto cómo es o no es el continente blanco; más importa verse reflejados, como realmente somos, cara a cara con la desnudez de esas pinceladas. Motivados por eso, emprendemos el viaje.

[publicada en ramona]

martes, 2 de septiembre de 2008

Fotos de la Inauguración de Marina Curci

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Marina Curci dando una visita guiada durante el Gallery Night

Orlando Interlandi (Jefe de la Base Belgrano II), Marina, Roxana y el Comandante Guillermo Palet

el maestro Roux, Marina Curci y Roxana Olivieri

Roxana Olivieri y Damián Scher, directores de la galería, con Marina Curci

Bety, Glacióloga del Irízar y Marina Curci

Franco, la nueva generación de galeristas

martes, 26 de agosto de 2008

Estamos de Montaje

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Del 26 al 28 de agosto estamos montando la muestra de Marina Curci "Detrás del círuclo polar".

lunes, 25 de agosto de 2008

Inauguración de Marina Curci!

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Los esperamos este viernes para la inaguración en el marco de Gallery Night
Serie de obras realizadas por Marina Curci en Antártida a bordo del
Rompehielos Alte. Irízar en enero de 2006.

sábado, 23 de agosto de 2008

Nota sobre Marina Curci en Edición Nacional

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Diario Edición Nacional
21 de agosto de 2008, página 9